Estados Unidos, tenemos un problema

Estados Unidos, tenemos un problema

Un frágil anciano negro que llevaba una gruesa Biblia con forro de cuero en mano se encontraba de pie en la acera muy cerca de la policía de Ferguson. La nube de gas lacrimógeno que acababa de dispersar a los manifestantes casi había desaparecido, aunque sus efectos aún eran evidentes.

“Se supone que debemos amarnos unos a otros”, dijo mientras tosía. “Se supone que debemos amar”.

No muy lejos sobre él, brillaba una cadena de luces de Navidad con las palabras “Felices fiestas”. El festival de luces de la ciudad está programado para dentro de unos días, con todo y desfile. Pero ahora, se dispara otra ronda de botes de gas lacrimógeno. Luego, se escuchan voces, gritos y disparos.

Dudo que el festival se celebre este año.

“Quemen a este desgraciado, quemen a este desgraciado”, podía escucharse entre la multitud que se había reunido frente a la estación de policía de la ciudad, cuando se hizo evidente que el oficial Darren Wilson no sería acusado. Sin decir nada, los residentes habían sospechado que ese sería el resultado.

Pero aún tenían esperanza. Ahora, solo tristeza. Y enojo. Esto se debe a que otro joven de raza negra que no estaba armado ha sido abatido por la policía y la persona responsable de su asesinato no será castigada por su acción. Ésta no es una tragedia, un error o un malentendido. Éste es un problema, uno que sigue afectando a este país por la comprensible falta de confianza entre las minorías y la policía, combinado con la falta general de empatía entre los negros y los blancos cuando se llega a casos como estos.

En una encuesta reciente de CNN, la mitad de los blancos que respondieron afirmaron que “casi ninguno” o “ninguno” de los policías de sus zonas tienen prejuicios contra los negros, mientras el 35 % de quienes no eran blancos sostenían esa opinión. Un estudio de USA Today encontró que al menos 70 departamentos de policía de toda la nación arrestaban a los negros en una proporción 10 veces mayor que a quienes no son negros. Además, “solo en 173 de los 3.538 departamentos de policía examinados por USA Today arrestaron a los negros en una proporción igual o menor que a los otros grupos raciales”.

Ésta no es una coincidencia o una casualidad. Éste es un problema que demasiados blancos pasan por alto, y uno que afecta a muchos negros. Literalmente he perdido la cuenta del número de veces que la policía me ha detenido, pero recuerdo la primera vez que un oficial sacó su pistola y la apuntó hacia mí. Tenía 12 años, e iba caminando de la tienda a casa con un galón de leche. Dijo que me parecía a alguien que ellos estaban buscando. Me he parecido a esa persona desde entonces.

Las escenas que se desarrollaron la noche del lunes en Ferguson me recordaron a la escena culminante de la película de 1989 de Spike Lee, “Haz lo que debas”. Después de que agentes de la policía mataran a un negro desarmado, el protagonista, en su frustración, arroja un cubo de basura por la ventana de un negocio local. Surge un motín y el público queda con algo parecido a un test de Rorschach cinematográfico: ¿qué desencadenó la violencia, la ventana rota o el asesinato del hombre a manos de la policía?

Demasiadas veces el sistema de justicia criminal le dice a los negros que nuestras vidas no importan. Es por eso que Ferguson no estuvo solo en sus manifestaciones el lunes por la noche. Demasiadas veces este año hemos visto los recordatorios no tan sutiles y deshumanizantes… recordatorios de que las reglas no aplican a las personas de color y a los blancos de la misma manera.

El pasado agosto, por ejemplo, KDVR-TV informó que un chico de 18 años, Steve Lohner, caminaba por las calles de Aurora, Colorado (el lugar del horrible tiroteo ocurrido en un cine en 2012) con una escopeta cargada al hombro. Aunque Colorado es un estado en el que se puede portar armas en público, hubo un torrente de llamadas al 911. La policía llegó y con calma le pidió al adolescente que presentara su identificación. Él se rehusó, y dijo que llevaba el arma “para defenderme a mí mismo y a los que me rodean”.

En el vídeo del adolescente capturado durante el enfrentamiento, un agente le habla con sus manos abajo, entre su cinturón… y no sobre su pistola. ¿Honestamente crees que un adolescente negro habría tenido la misma experiencia?   Especialmente cuando consideras que ese mismo mes, en Ohio (también un estado en el que se puede portar armas en público), se hizo una llamada al 911 sobre un hombre que portaba un arma en Walmart. El video de vigilancia de la tienda muestra a John Crawford III tomando un arma de perdigones en el departamento de juguetes antes de detenerse en el departamento de artículos para mascotas. Iba hablando por teléfono con la madre de sus dos hijos. En cuestión de segundos luego de que la policía entrara a la tienda, le dispararon, según informes de noticias.

Otro ejemplo: en marzo, la policía de Luisiana dijo que Victor White III, con las manos esposadas en su espalda, sacó una pistola y se disparó a sí mismo en la espalda, cometiendo suicidio. Seis meses más tarde, el informe del forense supuestamente dice que la bala que lo mató entró a través de su pecho y que el residuo de pólvora que se encontró no concordaba con un disparo de rango cercano.

Y la lista podría continuar. Y continuar.

Todavía tenemos un problema racial en este país. Y demasiados de nosotros nos esforzamos más en negar que la raza tiene algo que ver con el mundo en el que vivimos hoy en día que en escuchar y sentir empatía por las personas que sufren. Pero díganme, ¿en que momento la clase de asesinatos que estamos viendo día tras día tras día en todo el país se describirán como lo que son?

Racismo.

No la clase de racismo explícito que se ve en las imágenes de los documentales del Ku Klux Klan, sino la del prejuicio implícito. La clase que aparentemente ve una fotografía de un oficial negro de la policía saludando a su hermano de la fraternidad e interpreta los gestos de sus manos como señales de pandillas.

Un estudio publicado en la revista Journal of Personality and Social Psychology encontró que los oficiales de policía consideran que los niños negros son menos inocentes que sus homólogos blancos. Esa no es una situación “desafortunada”. Es un problema. Esta situación posibilita que un policía se acerque a un niño de 12 años que está sentado en un columpio del parque con un arma de perdigones e instantes después le dispare dos veces en el torso; un incidente del que se informó en el Washinton Post esta semana.

“El agente no tenia idea de que se trataba de un niño de 12 años”, supuestamente le dijo a WKYC-TV Jeff Follmer, presidente de la Asociación de Patrulleros de la Policía de Cleveland.

Por supuesto que no.

El Departamento de Justicia otorga 400 millones de dólares en subvenciones a los departamentos de policía en todo el país. Sherrilyn Ifill, presidenta de NAACP, dijo que ella cree que este dinero debería venir con ciertas exigencias como cámaras corporales, tácticas de reducción de tensiones y entrenamiento en torno a sesgos explícitos e implícitos.

“Lo que hemos visto que sigue estando presente es la percepción de que los jóvenes afroamericanos son peligrosos y criminales”, le dijo Ifill a Brown Political Review. “Hasta que empecemos a revertir esta percepción y hasta que todos los estadounidenses (los estadounidenses blancos en particular) crean en la humanidad de la gente negra, seguiremos teniendo estos incidentes de violencia”.

Pero primero, tenemos que tener el coraje de admitir que el país tiene un problema, no solo para las minorías, sino para todos nosotros. Hablar de la raza no significa que alguien sea racista o provocador. Podría significar que él o ella está consciente del mundo -y sus problemas- y no tiene miedo de hablar de ellos.

De lo que estamos hablando no son accidentes, o tragedias o malentendidos, sino un problema. Esto, claro, salvo que pienses que la tensión en Ferguson es una anomalía… que puedes dispararte en el pecho con tus manos esposadas en tu espalda o que cientos de hombres de color armados podrían apuntar a la policía, amenazando con matarlos y poco después cada uno se va por su camino sin problemas.

No lo creí así.

Por LZ Granderson, colaborador de CNN

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