El partido especial para Diego de Almagro

El partido especial para Diego de Almagro

Cientos de hinchas de Cobresal procedentes de la castigada Diego de Almagro lo arroparán en su partido más importante. Éstas son sus historias anónimas, sus lecciones de vida.

Ha pasado un mes, pero las huellas están por todas partes. Los cortes en la carretera que comunica por el litoral Copiapó y Chañaral son constantes. El terreno está levantado, pero también la gente, de a poco, se va levantando. No queda otro remedio. Cortázar había sido capaz de expresarlo mejor que nadie: “Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo está perdido, y que hay que empezar de nuevo”.

De camino a Diego de Almagro el trazado empeora. Toca tomar un desvío hacia El Saladito y cerca ya de Cerro Negro volver a bifucarse. Por una empinada pista de tierra se desciende entonces hacia uno de los asentamientos más castigados por el aluvión de marzo. Las consecuencias de la tragedia ocurrida resultan evidentes, casi insultantes. Podría tratarse de un mal sueño, pero no es así. Ni siquiera es un espejismo en medio del desierto. Las calles y las casas -o lo que queda de ellas- hablan por sí mismas, chillan, lloran.

Falta menos de una hora de trayecto hasta El Salvador, pero es imposible no detenerse antes. En la intersección que comunica la Avenida Juan Martínez con la Calle Chañaral hay un kiosko abierto. Es un negocio familiar llamado Friquis, regentado por Reinaldo Rivera, alias Reina, dueño del establecimiento y “cobresalino de nacimiento”. “Esta vez sí que salimos campeones, y eso será una alegría enorme para todos, porque aquí se sufrió mucho, esto fue peor que la guerra”, relata, con gesto de preocupación pero sonrisa franca.

Y es que pese a la difícil situación en la que viven buena parte de sus habitantes, nadie en Diego de Almagro es indiferente al trascendental encuentro que acogerá esta tarde El Salvador, la capital chilena del fútbol, al menos durante 90 minutos. “Va a desplazarse harta gente desde aquí porque hay preparados hasta seis autobuses para que la gente vaya, porque las entradas cuestan dos lucas y porque puede ser un día histórico”, agrega Reina, antes de confirmar su asistencia a un estadio en el que antaño llegó a trabajar como vendedor de manís.

A un par de cuadras del kiosko de Reina se encuentra el domicilio familiar del que es, probablemente, el hincha más apasionado con el que cuenta Cobresal lejos de las fronteras del campamento minero. A sus 21 años de edad, Franco Lira, quien reemplazó la foto de su graduación de octavo básico por una instantánea de Zamorano alzando al cielo la Copa Chile de 1987, alberga en su habitación una colección de más de 25 camisetas del cuadro albinaranja. “Me faltan algunas porque, aunque siempre pensé que nunca me desprendería de ellas, cuando pasó lo que pasó en Diego, vendí muchas para ayudar a la gente. Me di cuenta de que las camisetas son lo de menos si hay personas sufriendo acá”, explica Lira, quien confiesa tener dos sueños realizables: “Ver el estadio lleno algún día y ver salir campeón a Cobresalito”. “Hice también dos promesas; que si gana Cobresal subiré de rodillas a la Virgen de la Piedra, en Ovalle, y me haré el corte de pelo de Matías Donoso”.

Con respecto al impacto que el partido de esta tarde tendrá en la Tercera Región, el joven hincha del conjunto minero lo tiene claro: “Yo creo que todas las cosas suceden por algún motivo, que la catástrofe fue una señal, que la naturaleza quería decir algo. Todo tiene relación y por eso un campeonato de Cobresal sería tan lindo, porque hoy Cobresal es toda la región”.

Mario Zepeda Zepeda fue minero en El Salvador durante más de 30 años. Casi los mismos que llevaba en pie el Almacén Cobresalito, antes de que las torrenciales lluvias se lo llevaran por delante. “Íbamos a pintar la fachada con los colores de Cobresal. Ya estaba todo preparado para que estuviera listo en Semana Santa, pero se vino todo abajo y me quedé sin nada”, revela el vecino de Diego de Almagro, detenido frente al esqueleto de lo que un día fue su local, antes de garantizar que estará presente en el estadio para apoyar ante Barnechea al equipo del que es socio fundador y del que, afirma: “Nos va a regalar un campeonato que es de todos”.

De todos, incluido -claro está- Patricio Elgueda, ex jugador de Cobresal en la década de los 80 y dieguino de nacimiento. “Jugué en El Cobre mucho tiempo y ahora estoy sin trabajo, pero igual trabajando, ayudando a la gente que lo perdió todo, que aquí son muchos”, explica el ex futbolista, de quien sus vecinos, frente a las ruinas del Almacén Cobresalito, destacan que “cabeceaba mejor que Iván Zamorano”.

La última parada del recorrido llega hasta la puerta de la casa de Luis Barraza, trabajador del sector ferroviario y salvadoreño. Una vieja camiseta de Cobresal, llena de barro, cuelga orgullosa de la entrada principal de su vivienda. En señal de amor a unos colores, como símbolo de subsistencia. “Yo siempre fui de Cobresal, desde chico. Cuando el día 25 rescaté la camiseta del barro, decidí ponerla ahí, a la vista de todos. Y ahí sigue igual. Es una especie de cábala y no la lavaré hasta que el equipo consiga el campeonato”, sentencia.

Reina, Franco, Mario, Patricio y Luis son sólo cinco de los cientos de vecinos de Diego de Almagro que acompañarán esta tarde a Cobresal, que jugarán también ese partido.

Fuente: La Tercera

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