Estudio describe sentido de comunidad y participación cívica de los habitantes de Copiapó.

Estudio describe sentido de comunidad y participación cívica de los habitantes de Copiapó.

La Universidad Santo Tomás, a través de su Observatorio Regional de Opinión Pública, realizó un estudio con el objetivo de describir el sentido de comunidad y participación cívica de los habitantes de Copiapó según las variables de género, edad, nivel educacional, años de residencia y tipo de uso de vivienda.

Se realizó una investigación de carácter transaccional descriptivo, dirigida a caracterizar en un único momento el sentido de comunidad y la participación cívica de los habitantes de Copiapó.

La muestra, aleatoria por conveniencia, estuvo compuesta por 600 habitantes de Copiapó (N=600), distribuidos en 10 sectores de la ciudad. Los sectores son San Pedro, Alameda, Cartavio, centro, Rosario, Pedro León Gallo, Palomar, Manuel Rodríguez, Pueblo San Fernando y Paipote. Las estimaciones se realizaron considerando un nivel de confianza de un 95%.

La muestra quedó compuesta por 221 Hombres, 375 Mujeres, con un promedio de edad de 40 años, donde el rango de 18 a 30 años representa el 34%; el rango de 30 a 55 años de edad el 43%, mientras que los mayores de 55 años son un 23%.

Según estado civil, el 49,3% es soltero/a, 33 % casado, 3% viudo/a, 5 % separado, 9% convivencia estable, 2% otros. Respecto al nivel de educación, un 13% tiene educación básica completa e incompleta, un 36 % educación media completa e incompleta, un 21% educación técnico profesional completa

e incompleta y un 30 % con educación universitaria completa e incompleta. Y finalmente, el 59% de los entrevistados ha vivido en el barrio más de 10 años, el 19% entre 6 y 10 años, mientras que el 22% entre 1 y 5 años. El promedio de años viviendo en el barrio es de 18.

Para la recolección de datos se aplicó la escala abreviada de sentido de comunidad de Long y Perkins (2007). Mientras que para evaluar la participación cívica de la comunidad se aplicó la escala adaptada de Perkins, Florin et al. (1990). Estas escalas se componen por 18 ítems con formato de respuesta tipo Likert (1 =Nada a 6 =Muchísimo).

Para el análisis de los datos, se realizó un análisis descriptivo de los resultados obtenidos.

Resultados:

En primer lugar, podemos observar que los copiapinos presentan un sentido de comunidad que los ubican en el rango de “algo” y “bastante”, con un promedio 3,7. Esto da cuenta que existe cierto conocimiento, influencia, apoyo y ayuda mutua entre los vecinos que habitan distintos barrios de Copiapó.

Por otra, que se observa que existe una participación cívica disminuida ubicándose en el rango “nada” y “poco”, con un promedio 1,7. Observando que la participación en grupos formales es escasa.

Aun siendo menor la participación cívica, se aprecia mayor participación es en las juntas de vecinos, en los centros de padres y apoderados y en las celebraciones de los barrios.

Desagregando los resultados según barrio, donde más sentido de comunidad se observa en es la localidad de San Pedro, cuyos indicadores más relevantes son que pueden reconocer a la mayoría de sus vecinos/as, se ayudan entre los/as vecinos cuando es necesario y valoran los sentimientos de comunidad. Mientras que el lugar donde menos sentido de comunidad se observa es en el sector centro de la ciudad de Copiapó.

Respecto a participación cívica, el barrio donde más se reúnen y participan activamente las personas es Pedro León Gallo, observándose que esta zona los espacios como las juntas de vecinos, las iglesias, parroquias o cultos y las agrupaciones de adultos mayores, son significativos.

Respecto al sentido de comunidad, según las variables de género son las mujeres quienes más aprecian esta forma de relacionarse, y en cuanto a la participación cívica no existen diferencias entre hombres y mujeres.

Tomando en consideración la edad podemos distinguir algunas diferencias, en primer lugar, son las personas jóvenes quienes menos sentido de comunidad y participación cívica presentan. Esta valoración va en aumento en la medida que aumenta la edad de los entrevistados.

Existe una marcada distinción de participación cívica según edad, los jóvenes participar principalmente en Asociaciones/Clubes deportivos; los/as adultos/as mayores de 30 años y menores de 54 participan principalmente en las Junta de Vecinos, en los Centro de Padres y Apoderados y en las celebraciones de sus barrios; mientras que las personas mayores de 55 años participan principalmente en las Junta de Vecinos, en las Parroquia/ Iglesia/ Culto, en las celebraciones de sus barrios y en los Grupos de Adulto Mayor.

Conclusiones

Las conexiones de las personas con sus lugares de residencias son diversas, se pueden dar a partir de reuniones entre los miembros de un grupo de un barrio para una acción puntual, hasta aquellas que permiten aunar esfuerzos a largo plazo para realizar acciones colectivas en favor del entorno y los vecinos/as.

Esta investigación permite ahondar en dos formas distintas de implicación y participación de las personas con sus entornos: el sentido de comunidad por un lado y la participación cívica por otro.

El sentido de comunidad tiene un amplio desarrollo teórico dentro de la Psicología Comunitaria y se entiende como el sentimiento de pertenencia que las personas construyen en relación a otras personas con las que comparten un espacio en común. Se trata de una experiencia subjetiva de ser parte de una colectividad mayor, emergiendo de esto sentimientos de seguridad, de interdependencia, de confianza mutua y la satisfacción de distintas necesidades.

La participación cívica, se refiere a la participación formal e informal de las personas en los asuntos locales, es la experiencia vivencial que permite contactos sociales, asumir responsabilidades, generar vínculos, afectos y establecer redes de apoyo entre las personas.

Las variables estudiadas en esta investigación nos permiten mirar aquellos espacios colectivos y públicos de interacción social, donde las personas establecen conexiones entre su vida personal, su lugar de residencia (barrio y/o cuidad) y otras personas, promoviendo en esta interacción distintos procesos psicológicos sociales como la confianza mutua, la solidaridad, la mancomunidad, los afectos, etc. Todos estos procesos interactivos evolucionan en el tiempo y afecta tanto a las personas como a los espacios.

Según los resultados se puede observar que el sentido de comunidad es mayor que la participación cívica de los copiapinos, la cual es muy baja. El sentido de comunidad se ubica en el rango “de algo” y “bastante”, mientras que la participación cívica entre “nada” y “muy poco”.

Este dato es bastante relevante, ya que nos indica que las personas valoran y entienden que es favorable estar en comunidad, conocen algunos de sus vecinos, son capaces de apoyarse cuando en necesario, pero la participación

en ella es muy escasa y está muy asociada a grupos funcionales. Por ejemplo, se observa que la participación es variada según rango etario, para los jóvenes es significativo participar en asociaciones deportivas, mientras que para los adultos con hijos su participación se restringe a la asistencia a reuniones escolares.

Se observa que a medida que envejecemos apreciamos y participamos más en grupos, posiblemente porque las condiciones laborales en que nos movemos hacen escasa la participación cívica en plena vida laboral dado las cargas horarias, el tiempo de trabajo, etc. o posiblemente se entienda que no es necesario asociarse ya que esto es una pérdida de tiempo, limitando esta participación a vínculos muy reducidos, siendo la vejez dadas las condiciones que se vive en Chile, con bajas pensiones y soledad, una etapa que nos obliga a asociarnos para poder sobrellevarla.

Cuando tenemos una sociedad tan aislada con escasas redes comunitarias reales según la psicología social se pueden generar procesos como anomia, o fenómenos de aislamiento extremo que ponen en riesgo la salud emocional de los habitantes de estos colectivos.

El individualismo excesivo, la desconfianza, la pérdida de redes son factores de riesgo a la hora de enfrentar situaciones de la vida como los duelos, desempleos, enfermedades e incluso llegar a jubilarse. No podemos olvidar que, según distintos indicadores, Chile lidera a nivel mundial problemas de salud mental, siendo muy limitados los recursos públicos y privados para tratar estas patologías. La participación, la asociatividad son herramientas muy significativas a la hora de prevenir y tratar problemas de esta índole.

A nivel local, el sentido de comunidad todavía es una práctica valorada por las personas, y de eso un ejemplo latente en nuestra ciudad cuando vivimos los aluviones, donde apareció esa forma espontánea, pero muy comunitaria de enfrentar la problemática. La asociatividad es una conducta aprendida culturalmente a lo largo de nuestro desarrollo evolutivo, a veces se hace excepcional porque hemos dejado de hacerlo, por falta de tiempo, por falta de valoración de los espacios comunes, producto de una ideología que promueve el individualismo y donde nos preparamos al largo de la vida primordialmente para el trabajo, perdiéndose incluso nuestra comunidad básica que es la familia.

Hoy la psicología comunitaria nos invita a valorar los espacios colectivos, aun siendo fugaces, como un evento público, una corrida, un plato único, etc., e incluso a entender las comunidades desde la diversidad, como aquellas de orden virtual y no tan formales, lo que es interesante, ya que sabemos que muchas personas ponen en estas instancias ideas, propuestas, mensajes, críticas que no pueden hacer en contextos reales. En todo caso, éstas últimas en ningún caso reemplazan a las comunidades de contacto diario, de la conversación asertiva, del leguaje del cuerpo, etc. Estos espacios son aquellos que nos nutren como seres gregarios que somos.

Finalmente, es relevante evidenciar que a medida que aumenta su escolaridad las personas tienden a vincularse menos con su entorno. De ahí surge una reflexión ética, dada la responsabilidad social que nos compete como profesionales integrados a una sociedad donde nuestra formación debería estar orientada a cooperar en los entornos que nos encontramos inmersos. Por lo tanto, las casas de estudios de esta región deben ir preparando a futuros ciudadanos/as y profesionales implicados con sus entornos.

 

El autor

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