La nave europea Sun resiste bien su primer acercamiento al Sol

La nave europea Sun resiste bien su primer acercamiento al Sol

Los delicados instrumentos de la sonda superaron sin problemas su primer encuentro cercano con nuestra estrella, a 77 millones de kilómetros de su superficie.

 

La sonda europea Solar Orbiter (SolO) superó sin problemas su primer encuentro cercano con el Sol, a sólo 77 millones de kilómetros de la superficie de nuestra estrella.

La nave, una misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) con colaboración de la NASA, fue lanzada en febrero pasado y será la primera en estudiar las regiones polares y en hacer observaciones simultáneas del astro y de lo que sucede alrededor de la sonda, acercándose a la enana amarilla todo lo que permite la tecnología para que no se dañen su telescopios.

Así intentará dar respuesta a cómo se crea la heliosfera -la burbuja magnetizada que envuelve el Sistema Solar- cómo surge y se acelerar el viento solar -una corriente de partículas energéticas (principalmente protones y electrones)-.

Además buscará dar respuesta a cuál es el origen del campo magnético, responsable de toda la actividad del sol y que pasa por ciclos de 11 años cuyo funcionamiento se desconoce, y cómo todo ello influye en la meteorología espacial que afecta a la Tierra.

En los próximos años, SolO se acercará aún más, cerrándose a 42 millones de kilómetros de la superficie del Sol.

«Encendimos, el 24 de febrero, ya tenemos más de 2 mil millones de vectores de campo magnético en el suelo. Tenemos un equipo científico feliz y ocupado trabajando en la información», dijo el profesor Tim Horbury, investigador a cargo del magnetómetro instalado en la nave (MAG), en un comunicado.

La MAG, sentada en la parte posterior de la nave espacial, siente los campos magnéticos incrustados en el viento solar, la corriente de partículas cargadas que se alejan del Sol.

El instrumento ya está captando las perturbaciones que resultan de las grandes explosiones en la estrella —llamadas eyecciones de masa coronal o CME (por sus siglas en inglés)—, además de las olas y las turbulencias cotidianas que rastrean la estructura del viento.

UN EXCITANTE FUTURO

Solar Orbiter, o Black Bird (pájaro negro) como lo llama el equipo, es un cubo de unos tres metros y 1.730 kilos, equipado con diez instrumentos, seis paneles solares, cuatro antenas y un mástil. Esa es la ciencia que necesita para mirar a la cara a todo un gigante, dentro del cual caben 1,3 millones de tierras.

Lejos de su apacible apariencia cuando se mira desde aquí, el Sol desarrolla una actividad frenética: emite constantemente un viento de partículas energéticas, produce erupciones, eyecciones y tormentas que pueden llegar a nuestro planeta y dañar la tecnología.

Comprender la física del Sol ayudará a predecir fenómenos meteorológicos espaciales como las tormentas solares y minimizar sus efectos en los satélites, las redes de telecomunicaciones, las eléctricas y de GPS, así como proteger a los astronautas de la Estación Espacial y a aquellos que en breve volverán a la Luna.

Para ver y fotografiar las regiones polares, donde se producen importantes fenómenos para entender el mecanismo magnético de la estrella, adoptará una órbita única, 32 grados por encima de la elíptica -el plano en el que giran los planetas-, que le llevará a 42 millones de kilómetros del astro, incluso más cerca que Mecurio.

UN AMBIENTE ALTAMENTE HOSTIL

Sin embargo, no será quien más se acerque al Sol, ese honor es para Solar Parker Probe de la NASA, que un día se situará a seis millones de kilómetros, pero la sonda estadounidense no lleva cámaras para ver la estrella, por lo que Solar Orbiter le «prestará sus ojos» y, con los datos combinados de ambas, se hará más ciencia.

De todas formas, llegar a 42 millones de kilómetros del Sol supone sobrevivir en un ambiente altamente hostil, a más de 500 grados y con elevados niveles de radiación, lo que ha sido uno de los grandes retos a afrontar en esta misión.

La sonda se protegerá tras un escudo único en su género, que incorpora ventanas para sus telescopios, hecho de titanio, carbono y aluminio y recubierto de una nueva sustancia llamada SolarBlack, a base de fosfato de calcio que protege del calor y es resistente a la radiación.

Otra de las novedades es que estudiará el Sol y la heliosfera como un único sistema, combinando la observación remota de la estrella con las medidas que tomará de viento solar y el medio que la rodea, para entender lo qué pasa a su alrededor y cual es su causa en la estrella.

 

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