Mujica dejó huella por su postura anticapitalista

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El presidente uruguayo, José Mujica, se despide mañana de un mandato marcado por cambios sociales como la despenalización del aborto, la regulación del matrimonio homosexual y la legalización de la marihuana, y por gestos humanitarios como la acogida de refugiados sirios y de presos de Guantánamo.

La peculiar forma de ser de su presidente y algunas leyes convirtieron a Uruguay en tendencia mundial, a pesar de que la deteriorada situación del sistema educativo y de la seguridad pública preocupan sensiblemente a la ciudadanía.

Sus mensajes contra el consumismo y varias leyes aprobadas durante su mandato hicieron de Mujica una figura conocida en los cinco continentes. Asimismo, tuvieron gran repercusión internacional sus decisiones de acoger como refugiados en Uruguay a ciudadanos sirios que escapaban de la guerra y de recibir de la misma forma a seis exreclusos del penal de Guantánamo (Cuba) “por razones humanitarias”.

“El mundo puede que no sepa dónde está Uruguay, pero sí quién es Pepe Mujica”, dijo en una reciente visita a este pequeño país suramericano de 3,4 millones de habitantes el cantautor español Joan Manuel Serrat, para quien la personalidad “franca y honrada” del “gordito campesino uruguayo” ha conectado con el pueblo.

Como hizo su antecesor en la Presidencia, Tabaré Vázquez, al que precisamente traspasará el mando mañana, Mujica declinó residir en el palacio presidencial y siguió viviendo en su granja de la periferia de Montevideo junto a su esposa, la senadora Lucía Topolansky.

“En el exterior aparece como una figura de un país remoto que despierta simpatía sobre todo en los niveles más populares”, dijo a Efe el sociólogo y director de la encuestadora Factum, Eduardo Bottinelli.

“Ha proyectado al Uruguay, que era más bien conocido por figuras estelares del fútbol y ahora ha pasado a ser famoso por el presidente ‘pobre, humilde y austero’”, explicó a EfeJorge Lanzaro, profesor del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de la República.

Sin embargo, dice Lanzaro, la fama que el veterano político tiene “afuera” no se corresponde con la de “adentro”, donde tiene críticos “muy duros”.

Al hacer autocrítica, el presidente reconoce que le hubiera gustado “poder hacer más cosas” en el tema de la educación.

“Mujica lo trazó como una de sus prioridades en su discurso de investidura y en educación prácticamente no pudo hacer nada. En gran parte por la fuerza que tienen los sindicatos en la educación, que trabaron varios de los proyectos que tenía para hacer cambios”, opinó el director de Factum.

Ahora, diez años después, Vázquez (2005-2010), que volverá a gobernar desde el 1 de marzo, continuará la política económica que ha generado el “crecimiento” del país, pero consciente de que desde 2015 ese incremento no será “tan grande” como en la última década.

Con su adiós a la jefatura de Estado, a la que no pudo volver a postularse por impedimento constitucional, desde el 3 de marzo el viejo guerrillero de 79 años ocupará su lugar como senador, desde donde tratará de ejercer de hombre de diálogo
y ayudar, según sus palabras, en “lo que pueda, de buena voluntad”.