A 79 años de la muerte de «Benjamín», el último tigre de Tasmania

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Por una negligencia, un 7 de septiembre de 1936 falleció el último ejemplar del marsupial carnívoro más grande de la edad moderna. Si bien se cree está extinto, hasta hoy se han reportado 3.900 avistamientos, ninguno confirmado.

Hace 79 años, una negligencia ocurrida en un zoológico australiano dejó al mundo sin la posibilidad de contemplar al último y más grande de los marsupiales carnívoros vistos por el hombre en la edad moderna.

Se trata del lobo marsupial (Thylacinus cynocephalus) también llamado lobo o tigre de Tasmania, por razones evolutivas una mezcla entre un cánido y un marsupial, pero más cercano a los tigres y lobos del hemisferio norte.

Originado hace unos 12 mil años, en promedio tenía un tamaño de 150 a 245 centímetros de la cola al hocico, altura de 60 centímetros, un peso de los 15 y los 35 kilos, siendo los machos más grandes que las hembras. Su aspecto se caracterizaba por un pelo corto de color pardo amarillento a marrón oscuro, con entre 13 y 21 rayas negras en su espalda, que iban perdiendo su color a medida que el animal avanzaba en edad. Tenía 46 piezas dentales, y una potente mordida.

La historia de su extinción comienza en la década de 1830, con la llegada de los colonos europeos a Oceanía. Ubicados al norte de la isla de Tasmania, la especie comenzó a ser culpada de numerosos ataques a ovejas o gallinas, lo que derivó en suculentas recompensas por su caza. En total se pagaron 2.184 recompensas (1 libra esterlina por cabeza y 10 chelines por los cachorros), aunque se cree que murieron muchos más.

Ya a principios de siglo, una epidemia, la extinción de sus presas naturales, la caza indiscriminada y la feroz competencia con los perros salvajes introducidos por el hombre llevaron al tigre de Tasmania a ser considerado especie en peligro de extinción, a pesar que nunca se pudo comprobar su relación con la muerte de los animales de granja.

En 1920, sus avistamientos fueron cada vez más raros. Recién en ese momento las autoridades locales decidieron salvar a la especie prohibiendo su caza e incluso creando reservas protegidas al oeste de Tasmania. Aún así, el último ejemplar salvaje murió en 1930 a manos de Wilf Batty, un cazador que lo había visto rondando a sus gallinas.

Capturado en 1933, nunca se supo si «Benjamín» era macho o hembra (lo más probable es esto último) y al parecer el apodo fue dado sólo «por cariño», según sus cuidadores. Fueron ellos, quienes por una neglicencia lo dejaron aislado al exterior de su refugio y lo dejaron expuesto a las bajas temperaturas del lugar, falleciendo el 7 de septiembre de 1936.

Es por ello que desde 1996 se celebra en Australia el “Día Nacional de las Especies Amenazadas” buscando conmemorar la muerte del último tigre de Tasmania. Su fallecimiento estuvo rodeado de polémica, debido a que posteriores investigaciones afirmaron que con los cuidados necesarios, pudo vivir 30 años más.

Desde entonces, se han registrado 3.880 avistamientos «oficiales», pero ninguno ha podido ser comprobado. Esto, a pesar de las versiones de investigadores que afirman haber descubierto restos de excremento, huellas e incluso han oído sonidos que podrían pertenecer a algún sobreviviente que viva lejos de las comunidades humanas.

El lobo marsupial fue considerado como especie amenazada hasta el año 1986, debido a que el protocolo internacional exige que cualquier animal del que no se haya encontrado algún ejemplar en cincuenta tenga tal estatus. Por ello, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza lo considera «oficialmente extinguida», aunque organismos como la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres lo considera «posiblemente extinguida».

De ahí en adelante se han tomado en cuenta opciones como la clonación, gracias a un cachorro conservado en formol desde 1866, aunque los resultados, de existir por ahora no están contemplados. Mientras tanto, hasta hoy se continúan realizando expediciones para encontrar al que alguna vez fue el marsupial carnívoro más grande de la edad moderna.