Caso Petrobrás enloda la cúpula del poder en Brasil

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Si se demuestra la culpabilidad de 49 políticos de importancia en relación al escándalo de presuntos sobornos para firmar contratos con la petrolera estatal brasileña, Petrobrás, la imagen del partido de gobierno se verá afectada de forma determinante. Es el consenso de líderes de opinión y expertos dentro y fuera de Brasil.

El caso marcará el escenario político del país mucho más, dadas las últimas decisiones de la justicia en torno al mismo. El magistrado Teori Zavascki autorizó iniciar formalmente el proceso respecto a 12 senadores, 22 diputados y 12 exdiputados, de cinco bancadas, que estarían implicados, la mayoría adepta al oficialista Partido de los Trabajadores (PT) y a la presidenta Dilma Rousseff.

Consultado por EL COLOMBIANO, Dawisson Belém Lopes, docente de Ciencia Política de la Universidad Federal de Minas Gerais, enumeró desde Brasil cuales son los casos más sensibles y que más podrían impactar la política brasileña.

“Los más importantes son el expresidente Fernando Collor de Mello (que ya sufrió un proceso de impedimento constitucional en 1992), Antonio Anastasia, senador de la República y exgobernador del estado federado de Minas Gerais, de quiénAécio Neves —el líder de la oposición al gobierno federal— es un aliado muy próximo, el presidente de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha y el presidente del Senado Renan Calheiros”.

La lista también incluye a cuatro exministros de Rousseff: los senadores Edson Lobao (Minas y Energía) y Gleisi Hoffmann (Presidencia), tal como los exdiputados Mario Negromonte (Ciudades) y Antonio Palocci (Presidencia).

Una piedra en el zapato

Para Belém, la investigación del caso no solo no tiene precedentes de igual magnitud en la historia política brasileña, sino que desde ya preocupa a distintos sectores políticos en el país, especialmente al gobierno, que se juega su imagen con esto.

“Históricamente, nunca se investigaron seriamente escándalos de corrupción en Brasil. Hay indicios de que el esquema de Petrobrás existe desde hace 30 años o más. El gobierno está muy preocupado, dado que el clima político está cada vez más polarizado y no sabe cómo reaccionar”, argumentó.

Mientras existe incertidumbre en los políticos —y en más de 147 empresas que firmaron por lo menos 740 contratos dudosos, bajo lupa actualmente—, la ciudadanía brasileña no ha dudado en expresar su descontento, e incluso, para el domingo 15 de marzo está prevista una multitudinaria movilización nacional para dejar claro la opinión de buena parte del pueblo al respecto.

Los que acudirán a la marcha clamarán por la destitución de Rousseff. Ante la protesta convocada, la presidenta pidió evitar “una ruptura democrática”, aclarando que en su nación “las personas se pueden manifestar y tienen espacio y derecho para eso”.

Para Belém, si bien la mandataria ha intentado mostrarse lo más diplomática que puede, esta actitud trata de ocultar su verdadera preocupación por lo que pueda pasar, dado que el caso se cierne sobre su figura: “Las calles estarán llenas de manifestantes el domingo. Mucho se habla del proceso Rousseff. Se dice en Brasil que las cosas aquí se están pareciendo cada vez más a Venezuela, en el sentido que hay mucha crispación entre ricos y pobres”, concluyó.