Diálogos entre Irán y seis potencias llegan a fecha límite en estado crítico

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Tras otra maratoniana jornada de encuentros bilaterales, multilaterales y plenarias con y sin la presencia de Irán, los representantes de las seis potencias (China, E.U., Francia, Reino Unido, Rusia y Alemania) no escondieron ayer su escepticismo respecto a la posibilidad de lograr un consenso, a escasas horas de que se venciera el plazo autoimpuesto.

La propia portavoz del Departamento de Estado de E.U., Marie Harf, afirmó ayer que la posibilidad de un acuerdo “es incierta”.

Por su parte, el ministro de Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, indicó que las negociaciones con Irán estaban en una fase “difícil” y “crítica”, aunque destacó que ha habido “mucho progreso” en los últimos días. “No dejaremos de intentar todo lo posible” para alcanzar un pacto, aunque “tampoco se permitirá un mal negocio” con los iraníes, concluyó el ministro alemán.

Cómo y cuándo levantar las sanciones que pesan sobre Irán, y qué hacer con el uranio enriquecido en ese país son dos de los escollos que frenaban ayer el entendimiento nuclear entre la República Islámica y seis grandes potencias.

El tema de las sanciones ha sido mencionado reiteradamente en los últimos días como el gran obstáculo que impide la firma de un acuerdo en la ciudad suiza de Lausana.

Por un lado, los iraníes quieren que el levantamiento de las medidas punitivas sea inmediato, es decir, como el resultado más concreto del eventual acuerdo. Pero las seis potencias se oponen con mayor o menor hincapié a esta opción y no sólo expresan que la eliminación debería ser gradual, sino que ésta debería estar ligada al cumplimiento por parte de Irán del resto de puntos del acuerdo.

Además, las potencias occidentales (E.U., Francia, Reino Unido y Alemania) desean un mecanismo -por definir- para reinstaurar las sanciones de Naciones Unidas rápidamente, en caso de un posible incumplimiento iraní del acuerdo.

La duración del acuerdo es otro de los temas que lastran la negociación, aunque se entiende que será un mínimo de diez años para la capacidad de investigación y desarrollo (I+D) nuclear que tendría Teherán.

“Tenemos que asegurarnos de que todo lo que pase en Irán, después de diez años, sea transparente y verificable. Y en cuanto al alcance, no podemos permitir que tras diez años se produzca una evolución explosiva”, advirtió Steinmeier.

Además, es objeto de duro debate el número de centrifugadoras de gas (para enriquecer uranio) que Irán podría mantener tras la firma de un acuerdo.

Actualmente tiene unas 20.000, de ellas la mitad operativas, un número que podría bajar hasta en torno a 6.000 unidades, aunque siempre dependiendo del modelo y de su capacidad de producción.

El uranio enriquecido es la materia prima para combustible nuclear que se utiliza en centrales atómicas, aunque también tiene usos militares, en función de su pureza.

Por otra parte, está la gran pregunta sobre qué hacer con el uranio enriquecido con el que Irán cuenta todavía, unos estimados 7.000 kilos, según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Fuentes de la negociación explicaron que aún están sobre la mesa las dos opciones: que este material sea exportado o diluido en Irán, y que ninguna ha sido descartada por ahora.

Las negociaciones de Lausana se rigen por la norma de que “nada está acordado hasta que todo lo está”, algo que las convierte en un encaje de bolillos difícil de equilibrar.