Vuelven las dudas por sistema de colegios electorales en EE.UU. tras el triunfo de Trump

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Por quinta vez en la historia del país norteamericano, un Presidente llegará a la Casa Blanca sin haber ganado en la sumatoria de los votos a nivel nacional, reviviendo las críticas al sistema de elección.

Una de las dudas más recurrentes en esta parte del mundo relativas a las elecciones presidenciales en Estados Unidos tiene que ver con su sistema electoral, donde no necesariamente el candidato que viene más votos a nivel general resulta electo mandatario. Y eso fue lo que pasó en los comicios de este martes, con la victoria de Donald Trump.

Los números son claros: contando los sufragios de todo el país, el abanderado republicano suma 59.829.947 votos, mientras que su contendora, Hillary Clinton, registró un total de 60.143.066. Aún queda por oficializarse los resultados del estado de Michigan (donde ganó Trump), pero esos datos no cambian el panorama general. Pero, ¿cómo se explica eso? La respuesta tiene nombre: el famoso “Colegio Electoral”.

Se trata de un sistema en el cual cada estado posee un número de delegados electorales determinado, los que van variando de acuerdo a criterios de población.

Es decir, los estados con más habitantes poseen más votos electorales. En total, son 583 votos en todo el país y sale electo presidente aquel que sume 270 o más. Así, en este sistema, el candidato ganador en cada estado se lleva la totalidad de los delegados electorales de éste, aunque haya ganado por un sólo voto de diferencia.

Por ejemplo, en Wisconsin, Trump ganó con el 47,9% de los sufragios, versus el 46,9% de Clinton: ambos sumaron una gran cantidad de votos, pero todos los votos electorales se los llevó el republicano. Sólo hay dos estados donde el ganador no se lleva la totalidad de los votos, Nebraska y Maine, donde se realiza un sistema proporcional.

De todos modos, el número de delegados que reparten es bajo: 5 y 4, respectivamente. Con esto, se da un fenómeno que es la base de los argumentos de los detractores de este sistema: un voto en Florida, por ejemplo, vale mucho más que el de un estado menor como Vermont y se sepulta el sistema “una persona, un voto”.

Asimismo, se puede dar un suceso que ha ocurrido en cinco elecciones en la historia, incluida la de este 2016: que el Presidente electo pierda en el voto popular. Las críticas La ultima vez que había ocurrido este fenómeno fue en la polémica elección del año 2000, donde George W. Bush venció al demócrata Al Gore pese a tener 500 mil votos menos que su contendor a nivel nacional.

Aquella vez, incluso, quien más criticó fue Hillary Clinton, quien en ese momento era la primera dama. “Creo que tenemos que respetar la voluntad de la gente y eso significa que es hora de eliminar el Colegio Electoral y elegir al presidente por el voto popular”, dijo la ex secretaria de Estado, en declaraciones archivadas por The New York Timjes y recogidas por La Nación de Argentina.

Incluso, el propio Donald Trump también cuestionó este sistema en 2012 tras el triunfo de Barack Obama sobre Mitt Romney, calificándolo en su cuenta de Twitter como “un desastre para la democracia”.

Ahora, surgen de nuevo los cuestionamientos en columnas de medios de comunicación y en las redes sociales. Uno de los críticos no es politólogo, pero sí fue uno de los pocos en vaticinar el triunfo de Donald Trump: el cineasta Michael Moore. “Tengan en cuenta que la mayoría de los norteamericanos votó por Hillary Clinton .

La mayoría de los norteamericanos la quiso a ella, no a él. Pero tenemos un sistema arcaico e inadecuado, llamado el Colegio Electoral, que lo hizo presidente”, dijo el realizador, de acuerdo al medio argentino.

En tanto, para el cientista político de la Universidad de Columbia Robert Shapiro estas elecciones tan reñidas hacen que surja “la pregunta de cuán democrático es nuestro sistema”, aunque recalcó que “tal vez haya un clamor inicial, pero luego desaparecerá”.

¿Será posible acabar con este sistema? Estas últimas declaraciones de Shapiro develan el gran problema que tienen aquellos impulsores de acabar con el Colegio Electoral: hacerlo es casi imposible. Primero, porque al estar consagrado en la Constitución, se necesita de una enmienda constitucional para derogarlo.

Esto se lograría con el voto de los dos tercios de ambas cámaras del Congreso, lo que debería ser ratificado por las tres cuartas partes de los 50 estados del país. Se trata de un sistema arraigado en la costumbre de la política estadounidense, donde las tradiciones y la Constitución son prácticamente sagradas para ese país.

Asimismo, un argumento trascendental es que este sistema refuerza el sistema bipartidista, donde predominan las dos fuerzas principales (republicanos y demócratas), mientras que el resto de las fuerzas políticas quedan rezagadas. Así, difícil que los parlamentarios decidan terminar con esto.

No obstante, esta discusión no se cruza con el “mea culpa” que se hagan los republicanos para entender por qué perdieron tantos electores en comparación a los comicios anteriores. Queda tiempo para analizar.

Fuente: Emol.com